jueves, 24 de noviembre de 2011

Negra carretera

Me gusta la libertad de los terminales de buses. Sentado en el viejo bar del segundo piso me bebo la cerveza más barata. Cristal de medio. Casi todos ven la televisión, comen sándwich y toman bebidas. Esperan. Los minutos queman. La tipa que me sirvió la cerveza es muy flaca. Al pasar a mi lado me mira. Se ríe. Yo la miro. Recuerdo el por qué estoy acá. Vine a despedir a mi sobrina que murió destruida por un cáncer. Mi hermano me asusta, creo que caerá en alguna droga. Mi madre me llamará llorando. Respiro. No es Santiago un escape. No es La Serena una ciudad de lágrimas sucias. Son los terminales los mejores lugares para beber y sentirse lejos de todos.  Son lugares para escapar, sí,que suerte que exista uno en todas las ciudades. Bajo. Un perro perdido deambula entre los buses. Una chica guapa come su hamburguesa. Solo es tarde cuando un bus parte y se pierde en la negra carretera. Casi toda la vida he estado en un terminal. Nada se detiene, solo un par de latidos. Suena mi teléfono .No contesto. Por los parlantes llaman por segunda vez.

ZEN

Buscaba a Buda entre el cielo y las bugambilias.
De a poco el revolotear de las ideas se pierde en el tráfico urbano.
Trato de ver los pequeños detalles en una mosca iluminada,
Escarbo los fuegos fatuos en la voz de un vendedor ambulante,
¿Para qué?  Me dice un amigo. Es inútil y cansador
Y busqué hecho  loco, cómo brota la primavera en un semáforo.
Otro día, en plena feria, busque los cariños incondicionales al tocar la mano del que te da vuelto
Y con los ojos en el espejo, me pierdo en la inconciencia de un ascensor abandonado.
No importa
El fuego de las fábricas me transforma
Y desaparezco lentamente  bajo la frenada de un bus.
Para aparecer descansando en una playa solitaria
Y bailar
Y bailar