Me gusta la libertad de los terminales de buses. Sentado en el viejo bar del segundo piso me bebo la cerveza más barata. Cristal de medio. Casi todos ven la televisión, comen sándwich y toman bebidas. Esperan. Los minutos queman. La tipa que me sirvió la cerveza es muy flaca. Al pasar a mi lado me mira. Se ríe. Yo la miro. Recuerdo el por qué estoy acá. Vine a despedir a mi sobrina que murió destruida por un cáncer. Mi hermano me asusta, creo que caerá en alguna droga. Mi madre me llamará llorando. Respiro. No es Santiago un escape. No es La Serena una ciudad de lágrimas sucias. Son los terminales los mejores lugares para beber y sentirse lejos de todos. Son lugares para escapar, sí,que suerte que exista uno en todas las ciudades. Bajo. Un perro perdido deambula entre los buses. Una chica guapa come su hamburguesa. Solo es tarde cuando un bus parte y se pierde en la negra carretera. Casi toda la vida he estado en un terminal. Nada se detiene, solo un par de latidos. Suena mi teléfono .No contesto. Por los parlantes llaman por segunda vez.
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ResponderEliminarDefines algo parecido a lo q un antropólogo francés -marc augé- define como no-lugares. Espacios hechos para no ser habitados, espacios de paso, donde el tránsito serial de personas son los únicos elementos que dan vida al no-lugar. Aunque este autor se refiere a espacios homogéneos -como los aeropuertos, o las estaciones de metro- algo diferente a los terminales de buses de chile, alguna similitud tiene con lo que tú describes. Ahora, creo que logras relatar muy bien algo más allá de los lugares físicos: usas el terminal santiaguino como representación o símbolo para ilustrar puntos o momentos de la vida, o como estados de nuestros corazones y conciencias (difuminadas e invadidas con acontecimientos que la vida nos presenta). El punto es saber qué bus tomar y atreverse a abandonar ese no-lugar, ese vacío de sentido. Así, convertimos los no-lugares de nuestros corazones en espacios fértiles para el amor, la bondad, el cariño, la humildad... espacios que a veces son como carreteras negras, no sabemos bien cómo hacerlo, a dónde nos llevan, sólo tenemos la certeza que vale la pena intentar vivir en ese camino de amor y de ese modo entrar en dimensiones que los ojos mundanos no logran ver –como la carretera negra-. Lo que esas carreteras negras efectivamente son para quienes saben ver más allá del egoísmo, son caminos que para el alma nos llevan a la luz, al amor y a Dios.
ResponderEliminarme gusto mucho. y ten claro que tu sobrina ya atravesó lo que para nosotros es negro, invisible, y se encuentra habitando en la luz.
un gran abrazo amigo
@humanomiguel