Todos los hijos son buenos
Para Juan y Jorge, mis tíos
De esta historia tengo mucha información, en realidad tengo datos de tres fuentes diferente principalmente en esas paginas web que fabricó el gobierno de Alywin para tener alguna idea de lo pasó en este país. También recogí relatos lagrimeados de mi madre, que con los años y demasiada lectura de Isabel allende, los hechos pasaron a tener algunos episodios mágicos y como no, una que otra pirotecnia de mi mariguaneada memoria. No se cómo ordenarlas, cómo seleccionar lo más relevante y construir un solo cuerpo. En realidad es una historia mínima que me cuesta escribir y punto. Así que preferí transcribir las tres y se acabó mi conflicto. Además debo ser uno más de miles que trata de escribir su historia familiar del golpe. De hecho ya no somos una familia, el golpe cooperó en dispersarnos y ahora sólo somos parientes, pero esto es harina de otro costal
1
No recuerdo nada de lo que pasaba afuera, adentro la cárcel publica de La Serena estaba llena de gente y supongo era fácil perderse .De la mano de mi mamá íbamos al patio por un pasillo donde gente conversaba apurada y las mujeres se abrazaban con sus maridos. Al final del pasillo el sol golpeaba. No sé si era inciencio, me inclino por el olor a orina. Atravesábamos una cancha donde muchos niños jugaban, al llegar a una esquina veía a dos tíos, mi abuela sentada en una banca de madera y mi tía paty sirviendo coca cola en vasos grandes. Yo masticaba los hielos.
Nunca escuche lo que conversaba porque era más entretenido mirar. Además mi hermano mayor ya estaba jugando y corriendo por ahí. Corría y disparaba con su mano en forma de pistola. Estaba en una batalla con cientos de enemigos que se ocultaban entre la gente. Un gendarme de no más de 20 años, apuntaba y se reía aburrido.
Otro día de visita fuimos con nuestras pistolas de plástico versión marciana. Jugamos a la guerra toda la tarde o lo que duraba la visita. Esto último no lo averigüé. Tomamos coca cola y conocimos a otro grupo o batallón infantil que se unió a nuestra batalla contra los gendarmes que habían aumentado su número a dos.
Ese día terminé sudado y con un vaso gigante de coca cola en mis manos. Mira lo que les tenemos dijo mi abuela. Eran dos camiones pegazo de madera que mis tíos nos habían hecho en los talleres de la cárcel. Uno era rojo y el otro azul.
2
Fueron siendo detenidos uno a uno. En La parte alta de Coquimbo los camiones militares recorrieron de noche varias calles. Un anciano de ropas humildes apuntaba desde el camión las casas donde debían sacar a los hombres.
En el Valle de Elqui la gente hacia que trabajaba, el miedo bajaba como el terral, mientras los jeep del regimiento Arica recorrían los pueblos y dejaban sus huellas en la conchilla molida. Sigan trabajando decía mi abuelo, mis tíos hundían los clavos en las cajas de tomate de un solo martillazo.
En octubre de ese año quedaban solo 474 detenidos. No había que hablar del los muertos porque llamabas a más desgracia. Los presos políticos vivían en los 5 colectivos dispuestos para ellos. Dormían alrededor de 90 persona por colectivo cada uno contaba con una sola taza para cagar. La mayoría sin colchón y solo con frazadas que decían ejercito de chile. El día de visita les daban una marraqueta para el desayuno. Estas parece que son de la panadería los griegos, dijo un preso. Nadie le respondió. Están engordando el chancho antes del banquete.
En esas noches largas fueron escuchados una serie de helicópteros sobrevolando La Serena, las palomas del torreón de la cárcel no pararon de volar hasta la madrugada, luego antes que amaneciera una treintena de presos fue llevado al regimiento de la ciudad. Varios fueron torturados en los boxes de vehículos livianos, otros fueron llevados a la sección de inteligencia donde un general que venía de Santiago ordenó llevarlos al polígono de tiro con pistola, ubicado en la ladera oriente del cerro. Al primer grupo en los cuales iba un tío (Juan supongo que era) lo ponen a distancia de tiro y al grito de fuego ninguna bala salió y después de algunos llantos todo se confunde con la risa juguetona de la oficialidad. Maricones los comunistas. Dice el comandante del regimiento. El general Arrellano ordena que el segundo grupo se instale para el fusilamiento real, además señala que los otros oficiales que no oficiarían de fusileros, concurrir al lado de los ejecutados para descerrajarle el tiro de gracia si era necesario, entre ellos estaba el capitán Juan Emilio Cheyre, que luego sería el jefe del ejercito en democracia.
Los 16 cuerpos fueron subidos a un camión y esperaron que oscureciera para partir al cementerio de la ciudad donde un grupo tenia lista la fosa. Los cuerpos fueron cubiertos con cal viva, Luego una camionada de tierra y una cubierta de cemento. Alguien dejo un ramo de claveles rojos y en el cemento fresco con el dedo escribió: oct de 1973 nn.
3
Yo te llevaba a ti de la mano para ver a mis hermanos presos. ¿Tu te acordaí francisco? En ese tiempo tu papá tenía plata, le iba bien con las cosechas de papa y
los huevos no faltaban. Los criaderos de gallinas eran un nuevo invento de mi padre..
Nos íbamos temprano en la mañana a hacer la cola. Yo en ese tiempo manejaba, tenía un fito nuevo que me regaló tu papá. Llevaba una bandeja de huevos y dos coca colas heladitas que dejaba en el refrigerador la noche anterior. Nos costaba entrar era mucha la gente afuera de la cárcel. Los huevos me los quitaban, yo creo que se los dejaban para ellos.
El patio estaba lleno, si no se podía ni caminar, además esos días hacía un calor, parecía un horno. Ahí estaba el cheo Gonzáles todo torturado, pobrecito lo tenían que ayudar a caminar. Estaban todos los amigos de tus tíos, hasta Jorge peña Hem, que era una autoridad en música, lo acusaron de traer armas en los estuches de los violines. El profe viajó con los niños de la escuela música por todas partes.
Estay equivocado hijo el que estaba sentado era tu tío Juan que no podía pararse por las torturas. Sí, tu abuela también se sentaba en un banquito. Te acordai de los camiones de madera que les hicieron tus tíos, eran maravillosos. No les duraron nada, si se subían de a dos. Pucha que me dio rabia cuando los rompieron.
Lo terrible fue cuando llegó la caravana de la muerte. Fue tremendo. Afuera de la cárcel había un mar humano. Ustedes no fueron. Ese día suspendieron las visitas y dijeron que los presos estaban amotinados. La gente reclamaba y empujaba. Una madre grito al cielo ¡Pancho Álvarez es el culpable! ¡Te maldigo! ¡El castigo que vai a recibir es donde más te duela!
Un gendarme leyó el nombre de los 30 presos trasladados al regimiento en la lista estaban los hermanos Baquedano Paredes. Nos fuimos corriendo con tu abuela al regimiento, si hasta se me olvidó que andaba en auto. En la entrada del recinto militar había más gente. Un militar leyó los nombres de 16 muertos en un intento de fuga. Los sollozos de las madres se escuchaban desde lejos. Tu abuela pidió subir a hablar con el fiscal militar. Al llegar a la oficina el fiscal francisco Álvarez se retiraba, famoso por su belleza, si parecía actor de cine, las mujeres de Serena se derretían por él.
Panchito, entrégueme a mis hijos por favor, usted me conoce. Le dijo tu abuela. ¡Señora retírese, para una madre todos los hijos son buenos aunque sean unos demonios!
No me moveré de aquí yo conocí a tu padre y era re buena gente, le dijo tu abuela. El fiscal saco una pistola y la apunto ¡Retírese!
Con los años al Pancho Álvarez le dio cáncer a la piel y tuvieron que sacarle la mitad de la nariz. Usaba una especie de máscara de plástico que le cubría la mitad del rostro, era espantoso verlo en las calles de La Serena.
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