martes, 16 de agosto de 2011

Cuba 2°Parte

Caminar por la Habana es curioso porque no solo debes mirar como vive la ciudad, debes además mirar bien donde pisas, hay hoyos como en todas las calles de  Latinoamérica, pero me llamó la atención  lo angosta que son muchas veredas y  por donde sólo camina una persona, la otra va por la calle,  no con mucho cuidado. Al poco andar un joven nos pide algo para la leche de su hija, hablaba tranquilo y nos cayó muy bien, pero sabíamos y Carlitos nos había advertido que muchos de estas personas ganan bastante  pidiendo limosna a los turistas y que eran mal mirados por la gente, solo lo escuchamos y no recuerdo que explicación le dimos, nos alejamos.

 Seguimos caminando de la mano entusiasmados y cautos.  Una de nuestras primeras parada fue ir al museo de la revolución para empaparse con un poco de pasión  y despertar ese pequeño espíritu rebelde que llevamos y que en mí, por lo menos, pasa durmiendo. El palacio creo que fue la sede del gobierno de Batista, me da lata averiguar el detalle por Internet, pero lo cierto es que muy bonito y bien cuidado, afuera en vez de una estatua  de Fidel al estilo Sadam Hussein, solo estaba el tanque con que  resistió la invasión en playa Girón. Dan ganas de subirse para sacarse una foto, más vale que no pensamos. El valor de la entrada es muy barato creo que con un dólar uno entra. Recorrimos cada piso que cuenta la aventura de la revolución en forma cronológica.  Lo que más nos llamó la atención fueron la ropa de Camilo Cienfuegos y las pipas del Ché y justamente a este par de barbones de cera en  tamaño original  saliendo de entre unas ramas de plástico que simulaban la Sierra Maestra. Por la parte de atrás del museo se accede a una plaza que en su centro tiene una gran cabina de vidrio que guarda intacto  al  barco El  Gramma. Por fuera y bajo techo, el jeep con el que Fidel entra victorioso a la Habana y supuestos restos de aviones norteamericanos derribados.    Fueron días maravillosos en la Habana, caminamos por muchos barrios y recorrimos el  romántico Malecón de noche, aunque fuera un poco oscuro y despertara nuestra  santiaguina inseguridad, en realidad la Habana en general tiene poco alumbrado y pronto te acostumbras. Caminar y caminar, la buena música y un bar  aparecen  siempre.   AL otro  día un panorama diferente, ir a las  playas de la  Habana en transporte público donde tuvimos que esperar mas de una hora para que pasara el bus y nos dijeran que no podíamos subir porque no habíamos hecho la fila ¿Qué fila? Hay dos compañero una para sentados y otra para los quieran ir de pie ¿pero, que fila? Solo veíamos gente reunida en torno a un viejo paradero. Yo soy el último de la fila. Escuchamos la voz de un cubano, giramos nuestras cabezas, bueno ahora nosotros somos los últimos. ¿Resignación o no quiero jugar más? Después de otra hora y  ya embarcados rumbo a la playa con toallas y bronceador nos reímos.  No era muy bello el lugar había un poco de basura y algunas palmeras agonizaban, nuestras expectativas eran muy altas. Ahora lo pienso mejor, es un buen paseo por el día.

viernes, 5 de agosto de 2011

CUBA 1

En el aeropuerto de la Habana creo que se llama José Martí, la encargada de policía internacional me preguntó donde alojaría, era obvio que no le podía decir que en casa de un cubano opositor y recordé que en una guía que compramos en chile aparecía una lista de hoteles entre los que recordé el nombre de ambos mundos. La policía me miró un poco seria, y  creo que puse la misma cara. Adelante escuché. Luego en mi primer paseo por la Habana nocturna descubrí que el hotel era un 5 estrellas de lujo previo a la revolución donde vivió Hemingway y que parte del hotel es un museo dedicado al autor visitado por cientos de turistas. Entramos al bar  tomamos una cerveza con mi pareja y nos fuimos. Cuando salimos nos dio un ataque de risa.
 Desde el aeropuerto al centro de la Habana vi pocos autos y una bencinera casi abandonada, la escasez   no es de combustible me dijo el taxista es de autos . Me pareció un poco optimista la aclaración pero no nos dieron ganas de continuar conversando con él. Nos metimos en barrio a tres cuadras del malecón y llegamos a una casa de segundo piso cuyo propietario era Carlitos, pequeño con sonrisa pegada a la cara y zapatillas adidas blancas. La casa parecía recién pintada y eso contrastaba con las demás, nos dijo que el arreglo lo hacia con dinero que enviaba su hermano desde Miami. Todo orgulloso contaba que cuando Fidel (no pronuncio su nombre hizo el gesto de una persona con barba) dio permiso para salir de la isla su hermano fuel el cubano que ha construido la balsa mas pequeña de la historia, un cámara de auto y dos remos amarrados. Según relató  en el mar perdió un remo y de puro enojo boto el otro y se dejó morir, unos españoles que paseaban en un yate de lujo lo subieron a bordo y lo dejaron en Miami. Hoy no manda dinero, no debe estar muy bien concluyó.
Al otro día después de un desayuno de pan con huevo fritos en manteca de cerdo, Carlitos nos dijo que si alguien en la calle nos preguntaba si alquilábamos les dijéramos que no, que éramos medios parientes ya que no tenia permiso y que incluso podía perder la casa. También nos contó que para la crisis salieron a bucear al frente del malecón y se alimentaban de huevos de tortugas que, además de ser nutritivos le dejaban una erección que no los dejaba dormir en toda la noche…