martes, 22 de febrero de 2011

OVAHE

Rapanui  explica lo inexplicable, lo complejo y lo simple. Lo playero de la vida. Recorro caminos polvorientos que ocultan piedras milenarias que saltaron desde el ojo del Poike. El sol quema mi cuello, poco nos importa. Estamos rodeados de ruinas y piedras sagradas, todas para recordar a los ancianos y al fuego de sus corazones. Llegamos a la playa de Ovahe, parece que el  mar  excavó en el acantilado y nos dejó un lugar natural. Un makohe deja caer su vuelo por la playa, es un vuelo prehistórico de libertad y ausencia en sus movimientos. Al rato nos escondemos en una pequeña caverna esperando que el sol se vaporice y escuchar el silencio del atardecer. Los tambores y las antorchas despiertan con el baile de las estrellas. Es hora de volver a la cabaña del amigo Pau. En la calle oscura se escuchan distante los gallos y las casas solo se protegen con flores.
                                                                                                              (rapanui )

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