martes, 13 de diciembre de 2011

RENATA


En ese cuerpo no cabe una niña tan hermosa,
la sonrisa que corre y vuela  con el tiempo
juegan a las escondidas en un lugar secreto del valle.
En cada aliento que hay detrás de los abrazos estará tu presencia.

Si, grandes pasos da la muerte
grandes recuerdos dan los llantos
pero tú sonrisas fue el fuego, la experiencia total ,
la iluminación  de los pequeños atardeceres,  el karma de  cada flor que brota.

Cuando gire la cabeza hacia el jardín de las calas
me daré cuenta de tus sueños
dibujaré en el cielo el camino que trazaste corriendo con tus perros
las estrellas danzarán  felices
gracias a ti puedo sentir el hermoso misterio.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Negra carretera

Me gusta la libertad de los terminales de buses. Sentado en el viejo bar del segundo piso me bebo la cerveza más barata. Cristal de medio. Casi todos ven la televisión, comen sándwich y toman bebidas. Esperan. Los minutos queman. La tipa que me sirvió la cerveza es muy flaca. Al pasar a mi lado me mira. Se ríe. Yo la miro. Recuerdo el por qué estoy acá. Vine a despedir a mi sobrina que murió destruida por un cáncer. Mi hermano me asusta, creo que caerá en alguna droga. Mi madre me llamará llorando. Respiro. No es Santiago un escape. No es La Serena una ciudad de lágrimas sucias. Son los terminales los mejores lugares para beber y sentirse lejos de todos.  Son lugares para escapar, sí,que suerte que exista uno en todas las ciudades. Bajo. Un perro perdido deambula entre los buses. Una chica guapa come su hamburguesa. Solo es tarde cuando un bus parte y se pierde en la negra carretera. Casi toda la vida he estado en un terminal. Nada se detiene, solo un par de latidos. Suena mi teléfono .No contesto. Por los parlantes llaman por segunda vez.

ZEN

Buscaba a Buda entre el cielo y las bugambilias.
De a poco el revolotear de las ideas se pierde en el tráfico urbano.
Trato de ver los pequeños detalles en una mosca iluminada,
Escarbo los fuegos fatuos en la voz de un vendedor ambulante,
¿Para qué?  Me dice un amigo. Es inútil y cansador
Y busqué hecho  loco, cómo brota la primavera en un semáforo.
Otro día, en plena feria, busque los cariños incondicionales al tocar la mano del que te da vuelto
Y con los ojos en el espejo, me pierdo en la inconciencia de un ascensor abandonado.
No importa
El fuego de las fábricas me transforma
Y desaparezco lentamente  bajo la frenada de un bus.
Para aparecer descansando en una playa solitaria
Y bailar
Y bailar

martes, 16 de agosto de 2011

Cuba 2°Parte

Caminar por la Habana es curioso porque no solo debes mirar como vive la ciudad, debes además mirar bien donde pisas, hay hoyos como en todas las calles de  Latinoamérica, pero me llamó la atención  lo angosta que son muchas veredas y  por donde sólo camina una persona, la otra va por la calle,  no con mucho cuidado. Al poco andar un joven nos pide algo para la leche de su hija, hablaba tranquilo y nos cayó muy bien, pero sabíamos y Carlitos nos había advertido que muchos de estas personas ganan bastante  pidiendo limosna a los turistas y que eran mal mirados por la gente, solo lo escuchamos y no recuerdo que explicación le dimos, nos alejamos.

 Seguimos caminando de la mano entusiasmados y cautos.  Una de nuestras primeras parada fue ir al museo de la revolución para empaparse con un poco de pasión  y despertar ese pequeño espíritu rebelde que llevamos y que en mí, por lo menos, pasa durmiendo. El palacio creo que fue la sede del gobierno de Batista, me da lata averiguar el detalle por Internet, pero lo cierto es que muy bonito y bien cuidado, afuera en vez de una estatua  de Fidel al estilo Sadam Hussein, solo estaba el tanque con que  resistió la invasión en playa Girón. Dan ganas de subirse para sacarse una foto, más vale que no pensamos. El valor de la entrada es muy barato creo que con un dólar uno entra. Recorrimos cada piso que cuenta la aventura de la revolución en forma cronológica.  Lo que más nos llamó la atención fueron la ropa de Camilo Cienfuegos y las pipas del Ché y justamente a este par de barbones de cera en  tamaño original  saliendo de entre unas ramas de plástico que simulaban la Sierra Maestra. Por la parte de atrás del museo se accede a una plaza que en su centro tiene una gran cabina de vidrio que guarda intacto  al  barco El  Gramma. Por fuera y bajo techo, el jeep con el que Fidel entra victorioso a la Habana y supuestos restos de aviones norteamericanos derribados.    Fueron días maravillosos en la Habana, caminamos por muchos barrios y recorrimos el  romántico Malecón de noche, aunque fuera un poco oscuro y despertara nuestra  santiaguina inseguridad, en realidad la Habana en general tiene poco alumbrado y pronto te acostumbras. Caminar y caminar, la buena música y un bar  aparecen  siempre.   AL otro  día un panorama diferente, ir a las  playas de la  Habana en transporte público donde tuvimos que esperar mas de una hora para que pasara el bus y nos dijeran que no podíamos subir porque no habíamos hecho la fila ¿Qué fila? Hay dos compañero una para sentados y otra para los quieran ir de pie ¿pero, que fila? Solo veíamos gente reunida en torno a un viejo paradero. Yo soy el último de la fila. Escuchamos la voz de un cubano, giramos nuestras cabezas, bueno ahora nosotros somos los últimos. ¿Resignación o no quiero jugar más? Después de otra hora y  ya embarcados rumbo a la playa con toallas y bronceador nos reímos.  No era muy bello el lugar había un poco de basura y algunas palmeras agonizaban, nuestras expectativas eran muy altas. Ahora lo pienso mejor, es un buen paseo por el día.

viernes, 5 de agosto de 2011

CUBA 1

En el aeropuerto de la Habana creo que se llama José Martí, la encargada de policía internacional me preguntó donde alojaría, era obvio que no le podía decir que en casa de un cubano opositor y recordé que en una guía que compramos en chile aparecía una lista de hoteles entre los que recordé el nombre de ambos mundos. La policía me miró un poco seria, y  creo que puse la misma cara. Adelante escuché. Luego en mi primer paseo por la Habana nocturna descubrí que el hotel era un 5 estrellas de lujo previo a la revolución donde vivió Hemingway y que parte del hotel es un museo dedicado al autor visitado por cientos de turistas. Entramos al bar  tomamos una cerveza con mi pareja y nos fuimos. Cuando salimos nos dio un ataque de risa.
 Desde el aeropuerto al centro de la Habana vi pocos autos y una bencinera casi abandonada, la escasez   no es de combustible me dijo el taxista es de autos . Me pareció un poco optimista la aclaración pero no nos dieron ganas de continuar conversando con él. Nos metimos en barrio a tres cuadras del malecón y llegamos a una casa de segundo piso cuyo propietario era Carlitos, pequeño con sonrisa pegada a la cara y zapatillas adidas blancas. La casa parecía recién pintada y eso contrastaba con las demás, nos dijo que el arreglo lo hacia con dinero que enviaba su hermano desde Miami. Todo orgulloso contaba que cuando Fidel (no pronuncio su nombre hizo el gesto de una persona con barba) dio permiso para salir de la isla su hermano fuel el cubano que ha construido la balsa mas pequeña de la historia, un cámara de auto y dos remos amarrados. Según relató  en el mar perdió un remo y de puro enojo boto el otro y se dejó morir, unos españoles que paseaban en un yate de lujo lo subieron a bordo y lo dejaron en Miami. Hoy no manda dinero, no debe estar muy bien concluyó.
Al otro día después de un desayuno de pan con huevo fritos en manteca de cerdo, Carlitos nos dijo que si alguien en la calle nos preguntaba si alquilábamos les dijéramos que no, que éramos medios parientes ya que no tenia permiso y que incluso podía perder la casa. También nos contó que para la crisis salieron a bucear al frente del malecón y se alimentaban de huevos de tortugas que, además de ser nutritivos le dejaban una erección que no los dejaba dormir en toda la noche…

jueves, 14 de abril de 2011

LOS RECUERDOS 2

Todos los hijos son buenos







Para Juan y Jorge, mis tíos


De esta historia tengo mucha información, en realidad tengo  datos de tres fuentes diferente principalmente en esas paginas web que fabricó el gobierno de Alywin para tener alguna idea de lo pasó en este país. También recogí  relatos lagrimeados de mi madre, que con los años y demasiada lectura de Isabel allende, los hechos pasaron a tener algunos episodios mágicos y como no, una que otra pirotecnia de mi  mariguaneada memoria. No se cómo ordenarlas, cómo seleccionar lo más relevante y construir un solo cuerpo. En realidad es una historia mínima que me cuesta escribir y punto. Así que preferí transcribir las tres y se acabó mi conflicto. Además debo ser uno más de miles que trata de escribir su historia familiar del golpe. De hecho ya no somos una familia, el golpe cooperó en dispersarnos y ahora  sólo somos parientes, pero esto es harina de otro costal

1


No recuerdo nada de lo que pasaba afuera, adentro la cárcel publica de La Serena estaba llena de gente y supongo era fácil perderse .De la mano de mi mamá íbamos al patio por un pasillo donde gente conversaba apurada y las mujeres se abrazaban con sus maridos. Al final del pasillo el sol golpeaba. No sé si era inciencio, me inclino por el olor a orina.  Atravesábamos una cancha donde muchos niños jugaban, al llegar a una esquina veía a dos tíos, mi abuela sentada en una banca de madera y mi tía paty sirviendo coca cola en vasos grandes. Yo masticaba los hielos.

         Nunca escuche lo que conversaba porque era más entretenido mirar. Además mi hermano mayor ya estaba jugando y corriendo por ahí.  Corría y disparaba con su mano en forma de pistola. Estaba en una batalla con cientos de enemigos que se ocultaban entre la gente. Un gendarme de no más de 20 años, apuntaba y se reía aburrido.

       Otro día de visita fuimos con nuestras pistolas de plástico versión marciana. Jugamos a la guerra toda la tarde o lo que duraba la visita. Esto último no lo averigüé. Tomamos coca cola y conocimos a otro grupo o batallón infantil que se unió a nuestra batalla contra los gendarmes que habían aumentado su número a dos.
                
                  Ese día terminé sudado y con un vaso gigante de coca cola en mis manos. Mira lo que les tenemos dijo mi abuela. Eran  dos camiones pegazo de madera que mis tíos nos habían hecho en los talleres de la cárcel. Uno era rojo y el otro azul.




2


Fueron siendo detenidos uno a uno. En La parte alta de Coquimbo los camiones militares recorrieron de noche varias calles. Un anciano de ropas humildes  apuntaba desde el camión las casas donde debían sacar a los hombres.

          En el Valle de Elqui la gente hacia que trabajaba, el miedo bajaba como el terral, mientras los jeep del regimiento Arica recorrían los pueblos y dejaban sus huellas en la conchilla molida. Sigan trabajando decía mi abuelo, mis tíos hundían los clavos en las cajas de tomate de un solo martillazo.

En octubre de ese año quedaban solo 474 detenidos. No había que hablar del los muertos porque llamabas a  más desgracia. Los presos políticos vivían en los 5 colectivos dispuestos para ellos. Dormían alrededor de 90 persona por colectivo cada uno contaba con una sola taza para cagar. La mayoría  sin colchón y solo  con frazadas que decían ejercito de chile. El día de visita les daban una marraqueta para el desayuno. Estas parece que son de la panadería los griegos, dijo un preso. Nadie le respondió. Están engordando el chancho antes del banquete.

              En esas noches largas fueron escuchados una serie de helicópteros sobrevolando  La Serena, las palomas del torreón de la cárcel no pararon de volar hasta la madrugada, luego antes que amaneciera una treintena de presos fue llevado al regimiento de la ciudad. Varios fueron torturados en los boxes de vehículos livianos, otros fueron llevados a la sección de inteligencia donde un general que venía de Santiago ordenó llevarlos al polígono de tiro con pistola, ubicado en la ladera oriente del cerro. Al primer grupo en los cuales iba un tío (Juan supongo que era) lo ponen a distancia de tiro y al grito de fuego ninguna bala salió y después de algunos llantos todo se confunde con la risa juguetona de la oficialidad. Maricones los comunistas. Dice el comandante del regimiento. El general Arrellano ordena que el segundo grupo se instale para el fusilamiento real, además señala que los otros oficiales que no oficiarían de fusileros, concurrir al lado de los ejecutados para descerrajarle el tiro de gracia si era necesario, entre ellos estaba el capitán Juan Emilio Cheyre, que luego sería el jefe del ejercito en democracia.

                  Los 16 cuerpos fueron subidos a un camión y esperaron que oscureciera para partir al cementerio de la ciudad donde un grupo tenia lista la fosa. Los cuerpos fueron cubiertos con cal viva, Luego una camionada de  tierra y una cubierta de cemento. Alguien dejo un ramo de claveles rojos y en el cemento fresco con el dedo escribió: oct de 1973 nn.



3


Yo te llevaba a ti de la mano para ver a mis hermanos presos. ¿Tu te acordaí francisco? En ese tiempo tu papá tenía plata, le iba bien con las  cosechas de papa y
los huevos no faltaban. Los  criaderos de gallinas eran un nuevo invento de mi padre..

             Nos íbamos temprano en la mañana a hacer la cola. Yo en ese tiempo manejaba, tenía un fito nuevo que me regaló tu papá. Llevaba una bandeja de huevos y dos coca colas heladitas que dejaba en el refrigerador la noche anterior. Nos costaba entrar era mucha la gente afuera de la cárcel. Los huevos me los quitaban, yo creo que se los dejaban para ellos.

               El patio estaba lleno, si no se podía ni caminar, además esos días hacía un calor,  parecía un horno. Ahí estaba el cheo Gonzáles todo torturado, pobrecito lo tenían que ayudar a caminar. Estaban todos los amigos de tus tíos, hasta Jorge peña Hem, que era una autoridad en música, lo acusaron de traer armas en los estuches de los violines. El profe viajó con los niños de la escuela música por todas partes.

              Estay equivocado hijo el que estaba sentado era tu tío Juan que no podía pararse por las torturas. Sí, tu abuela también se sentaba en un banquito. Te acordai de los camiones de madera que les hicieron tus tíos, eran maravillosos. No les duraron nada, si se subían de a dos. Pucha que me dio rabia cuando los rompieron.

     Lo terrible fue cuando llegó la caravana de la muerte. Fue tremendo. Afuera de la cárcel  había un mar humano. Ustedes no fueron. Ese día  suspendieron las visitas y dijeron que los presos estaban amotinados. La gente reclamaba y empujaba.  Una madre grito al cielo ¡Pancho Álvarez  es el culpable! ¡Te maldigo! ¡El castigo que vai a recibir es donde más te duela!
             
                         Un gendarme leyó el nombre de los 30 presos trasladados al regimiento en la lista estaban los hermanos Baquedano Paredes. Nos fuimos corriendo con tu abuela al regimiento, si hasta se me olvidó que andaba en auto. En la entrada del recinto militar había más gente. Un militar leyó los nombres de 16 muertos en un intento de fuga. Los sollozos de las madres se escuchaban desde lejos. Tu abuela pidió subir a hablar con el  fiscal militar. Al llegar a la oficina el fiscal francisco Álvarez se retiraba, famoso por su belleza, si parecía actor de cine, las mujeres de Serena se derretían por él.

          Panchito, entrégueme a mis hijos por favor, usted me conoce. Le dijo tu abuela. ¡Señora retírese, para una madre todos los hijos son buenos aunque sean unos demonios!

            No me moveré de aquí yo conocí a tu padre y era re buena gente, le  dijo tu abuela. El fiscal saco una pistola y la apunto ¡Retírese! 

                 Con los años al Pancho Álvarez le dio cáncer a la piel y tuvieron que sacarle la mitad de la nariz. Usaba una especie de máscara de plástico que le cubría la mitad del rostro, era espantoso verlo en las calles de La Serena.

domingo, 20 de marzo de 2011

Los recuerdos 1

En esos momentos cuando sucedieron los hechos el cielo estaba azul, el aire siempre tenía un suave aroma a mar y detrás de los gallineros brotaban las cebollas con sus colas verdes al viento. Terminar de jugar con mis perros y el caballo pascual era solo producto del hambre que ladraba en mi estómago. Corría a mi casa creyendo que mi velocidad era insuperable.
A veces ellos no nos veían, escucharlos pelear era interminable. Varias veces cuando mi papá comenzaba a golpearla yo corría y me interponía entre ambos, llorando pedía por favor y por diosito  que pararán. Ahora me pregunto dónde estaba mi hermano y pienso que en algún lugar escondido pensando que él era el culpable de todo.
A los recuerdos los vestí con las mejores ropas para soportar los cientos de inviernos. Lentamente construí la creencia de que el mundo era hostil, que el miedo era la herramienta más útil para que no me dañaran. Si había una victima ese era yo.
Hoy veo los recuerdos como si estuvieran desnudos, la luna camina conmigo por las noches, ya no hay preguntas, solo sentir y habitar la vida como en un templo o como esos besos que terminan lentamente. Hoy en mis recuerdos están tus ojos, están los sonidos que palpitan, los ladridos de los perros, el mar abrazando la playa rocosa y el sonido nocturno de una fruta cuando cae al suelo. Libremente me voy convirtiendo en tierra.

martes, 15 de marzo de 2011

En el momento adecuado los abrazos son tu regalo.



Elijo sentir los abrazos y el viento. Elijo tu mirada, el barro sagrado de donde nacemos.
Elijo las húmedas vasijas que esperaron siempre tus manos,
Hoy mi voz solo escucha.
El sol que abriga en las mañanas, guarda secretos para el silencio.

jueves, 24 de febrero de 2011

Poemas viejos para desratizar la memoria

LA VOZ DEL GUERRERO
                                                           Santiago 1996



Aquí estoy, las luces parpadean los techos
Todo termina cuando riegan las calles.
Al frente hay una secretaria que escribe relatos eternos,
El cenicero está repleto de colillas.

Hace frió en esta ciudad gótica
Los árboles tienen luces y espinas,
el viento azota mis alas
y estoy cansado de mitificar a estúpidos canallas.

Recojo la más absurda de todas las basuras,
Este es un triste trabajo para tristes hombres,
¿A quien puedo dar esta energía vengadora?
Solo descubro los restos de túneles que conducen a mi memoria,
La infancia son lamentos y mis ojos son inútiles.











LA VOZ DEL GUERRERO II


Sálvame inútil lejanía
Mis pies  se están secando en las riberas de la justicia
Olvidé todas mis armas
Solo quedan los hambrientos de fuego y balas
Cabalgo,
Cabalgo,
Cabalgo.

Los inventores cesantes salen a despedirme
Todo parece un repetido carnaval
Las ciudades, los pueblos, los villorrios,
Por todos lados cuelgan carnes
Como un antiguo mercado

No puedo liberar a los presos
Porque yo soy la cárcel
Cabalgo,
Cabalgo
Cabalgo.

martes, 22 de febrero de 2011

OVAHE

Rapanui  explica lo inexplicable, lo complejo y lo simple. Lo playero de la vida. Recorro caminos polvorientos que ocultan piedras milenarias que saltaron desde el ojo del Poike. El sol quema mi cuello, poco nos importa. Estamos rodeados de ruinas y piedras sagradas, todas para recordar a los ancianos y al fuego de sus corazones. Llegamos a la playa de Ovahe, parece que el  mar  excavó en el acantilado y nos dejó un lugar natural. Un makohe deja caer su vuelo por la playa, es un vuelo prehistórico de libertad y ausencia en sus movimientos. Al rato nos escondemos en una pequeña caverna esperando que el sol se vaporice y escuchar el silencio del atardecer. Los tambores y las antorchas despiertan con el baile de las estrellas. Es hora de volver a la cabaña del amigo Pau. En la calle oscura se escuchan distante los gallos y las casas solo se protegen con flores.
                                                                                                              (rapanui )

lunes, 21 de febrero de 2011

Antepasados

No hay sombras eternas
Un nudo no fue siempre así,
detrás de la oscuridad están los grillos.

No es fácil dejarse caer en el abismo,
Me entrego al silencio
y a los gritos de los muertos.

Entre los árboles y las estrellas
están las caricias suaves del viento.
Vi pasar por mi rostro de niño
los dulces amaneceres de historias lejanas.

Soy las lágrimas de mis antepasados
y la fragancia de mis pequeños ritos.
En mi bolsillo cabalgan aun unos pocos fantasmas
Que aliñan el humo de mi cigarro.

¿sabes por qué canto?
canto porque detrás de la oscuridad
Siempre están los grillos.
                                                                          (rapanui febrero)

la ruta de mi memoria

I
Sentí el aliento de los cerros,
cuando cambiaban la piel y las espinas.
Sentí voces guardadas bajos las piedras
Algunos no escucharon mi vieja presencia


Hundo la barreta bajo las cañas,
todo para que el silencio hable por la noche

¿Te acuerdas abuela de las gotas vivas
del dulce de membrillo?
la pala como un remo
navegaba por la miel de las parras

Las escrituras viejas de las murallas
fueron cayendo lentamente con cada lágrima.


II
Estábamos solos si , pero nos miraban las estrellas
En el mueble quedaron los naipes desteñidos
y los dados gastados.
¿Cuando dejamos de jugar?

Lejos de las miradas diaguitas
nuestros rostros de barro se fueron perdiendo,
-dime abuela:

¿Qué tiene el terral escondido en su abrigo?


Paisajes

Como el primer paisaje de mi pena
lleno de piedras y golondrinas.

De cada paso brotaron los almendros y los ríos,
dejé escapar las semillas y los vientos,
sólo logre rescatar unas mariposas
 que sirvieron de abono para mis oídos


IV o nuestro trato

Anda comprar pan donde los Vial me decías,
yo caminaba lento solo escuchando como sopla la pena,
cuando abrí la marraqueta dibuje sonrisas como la mantequilla

todo pasa en el segundo más lento de la historia.

Noches

Ya no me queda memoria para los sueños,
solo el olfato de los amaneceres
y el sol que abriga mi cara.

Entre los árboles que dibujaron el valle,
busco el refugio de mi ausencia
como una hoja,
como un pequeño  brillo del agua.

 Y antes que germine la luna detrás de los cerros,
estaré abrazando las delicadezas


Destierro

Mi equipaje y mis manos viajaron con el calipso
en un profundo mar de recuerdos,
nada detiene mis soplidos del océano.

Y como un final de película francesa,
pasan las pequeñas primaveras de mis árboles.

fueron fugaces los abrazos abuela,
fueron fugaces los abrazos.



Palabras

No sentí el peso de la historia
ni el aleteo del silencio,
ahí están las cartas que no hemos querido abrir,
y el difícil navegar por las venas rotas.

Desde un túnel perdido
llegué caminando, oralidando,
sacudiendo mi abrigo de las polillas.

No bastaron las palabras,
ni los atardeceres ciegos,
pero los abrazos,
los abrazos  si tienen infinitos.








Elqui
   
                                         para Mónica

Abrimos el silencio
y escuchamos el canto de las piedras,
esos pequeños sonidos
de los amaneceres inquietos.

Bajo los eclipses del alma
y prófugos como  los besos
me disolví en el agua de tu mirada.

Las montañas que abrazan como la noche
las gotas cordilleranas de la música
flotan en el aire,
 y solo acogen.

Lo que nunca nos dijimos
aquí es pura existencia.


Dolor

¿Cuántos fantasmas cruzaron mis fronteras?
En los territorios del cariño
dejé cartas viejas a los amigos

La profundidad de las lágrimas
Tienen el transito de tierras inexploradas
Hoy son más  callados los pasos

Con cada gota de ternura
se fueron tejiendo mis olvidos
ya no me sirve una brújula
para estas tormentas.
Todas las puertas de tu secuestro


Como un perro que ladra
al  fondo de un abismo
VH


1


                          Un día le contaron que su  mujer comenzaba una nueva vida de pareja junto a otro militante, un compañero de base que nunca buscaron los agentes de seguridad. Esa noticia lo encarceló dos veces, ahora los hematomas venían de adentro y quemaban. Yo su hermano menor y temeroso era el encargado de confirmar los rumores y llevarlos a la cárcel.

      Siete meses después  sus días en la casa de nuestra madre  eran llenos de preguntas, esas que  afloraban sin quererlo. Caminaba a fumarse su Liberty al patio de baldosas rojas, parecía que conversaba con su cabeza o que el dolor estaba alargando sus raíces.  Todavía no habían terminado sus monólogos pesimistas, ni su  arresto domiciliario. Yo sólo miraba de lejos como temiendo que algo triste iba a pasar.  


           Con el ruido de la ducha de nuestro padre, Jorge abría la ventana para asegurarse que ya no estaba en la cárcel. Afuera la luz de septiembre tenía el pelo arremolinado.  Al  mirar el patio, ahí estaba  nuestra madre lavando en una batea de madera. Fijaba su vista en sus manos gordas y blancas. Con el ruido de la ventana la yola, como le decíamos,  levantaba su mirada que comenzaba a envejecer aunque siempre con algo de sonrisa. Despertó mi niño, hay agüita en el termo para que tome té. Le decía.
 
            Jorge  se quedaba mirando unos minutos como su madre refregaba la ropa con fuerza. El delantal estaba salpicado de pequeñas montañas de espuma. Eran los únicos momentos en que la yola susurraba palabras sin que le reprocharan algo, en voz baja, dialogaba con un mundo amable y sincero, tratando de enjuagar las críticas que cargaban en su contra. Ella no tenía la culpa de vender la casa de Santiago, y el rancho del Molle. De tener que  pagar a abogados temerosos y coludidos con la justicia milica, esperando  la promesa trunca de liberar pronto a sus hijos.
 -Yo no tengo la culpa-  repetía a si misma, aunque su encorbatado  marido le reprochara siempre lo contrario.
-todo lo he hecho por mis hijos- repetía  en voz baja mientras refregaba con rabia un lee pata elefante. Muchas veces entre la estrujada y la soga escuchaba la voz del  marido comprensivo que nunca  existiría. Yo su hijo pobre le compraba todas las mañanas el pan en el mercado sur.

                          Para Jorge el alcohol fue la aspirina de su historia premenstrual, la cerveza Pilsen envuelta en papel de diario, la botella de pisco y la coca cola de litro fueron los analgésicos para destruir esa mierda de memoria. Un té con leche para el calor hermanito. Me decía. Póngale no más. Le respondía con la garganta seca como corcho. Después del último trago mascaba los hielos como si fueran esos cuadrados de azúcar que le robábamos a la abuela y siempre miraba los pocos libros  que yo tenía o que me quedaban. Ya no escribes hermanito. No, ya casi nunca lo hago, le respondí.
                     

  Yo Oscar Maldonado vivía en una cabaña que  construyó mi padre al final del patio. Detrás de los sagrados guindos que eran los únicos árboles que plantó para hacer el licor que lo acompañaba en las húmedas noches serenenses. El que viviera en la cabaña tenía que regar los guindos, el que se olvida se va  y arrienda. Él mismo con la ayuda obligatoria de sus tres hijos paró los primeros palos y el radiel. Con una huincha de metal y un cuaderno iba anotando las medidas de las habitaciones. Los maestros. Decía con su voz ronca. No van al colegio y no saben sacar cálculos, por eso no saben ni lo que ganan. El primero en ocupar  la cabaña  fue nuestro  hermano mayor que  se puso a trabajar  a los 18 años en la tienda del señor  Hansing de calle Cordobés. El trabajo se lo consiguió mi padre. Cuando se casó se fue a vivir a una pieza en calle Cienfuegos.
              

                 Un día jorge recibió la carta donde le daban la posibilidad de exilio. Fue como un bálsamo a una historia que no terminaba nunca de quemar,  la arrugó, la volvió a abrir y entre el orgullo y el dolor siempre vence las ganas de irse que es la suma de ambos metidos en una juguera.

Te llegó una carta le pregunté. “Mm” fue su afirmativa respuesta. Durante esa semana jorge calló y  no me  fue a ver. Sólo sabía que mi padre había entrado a su pieza y que  conversaron largo rato. Ese día no vi a mi madre, pero escuché el sonido cuando cerraba las persianas de madera, todavía era de día y el sol calentaba .Algo se discutía.

Hola flaquito, permiso ¿puedo pasar? Por supuesto gueon, me tienes abandonado, hace dos días que no vienes a ver a tu hermano pobre. Saqué una cerveza helada del refrigerador. Si es que he andado dándole vueltas a un asunto. Calló. Y se puede saber. Le dije. Sospechaba que se iría, como varios amigos de él.  Tengo la posibilidad de salir del país y miró el piso como para que no viera que pasaba por sus ojos. Aquí no puedo hacer nada. Añadió. Después de un silencio y con poca seguridad (nunca he dicho algo totalmente seguro)  le dije: No es mala la idea hermano aquí estas puro gueviando y capaz que un día te maten estos hueones. Hermano, no es una mala idea. Alcance a repetir.

Me voy a llevar al luisito sin que la Rosana sepa y quiero que me ayudes. Hermano prométeme que no le vas a contar a nadie esta gueá. No respondí o mejor dicho, no encontré nada que decir. solo nació el miedo. Varias veces quise decirle que no me involucrara en sus asuntos, que mezclaba todo y a todos, pero cuando el hablaba a mi no me salía ninguna palabra.


2


Jorge se va con luisito y punto, es lo mejor. La gruesa voz de mi padre retumbó por toda la casa. Nadie tuvo derecho a oponerse. Mis hermanos callaron y mis hermanas lloraron en silencio. Sentí que nunca había pertenecido a esa familia, que éramos todos diferentes y que yo no quería estar allí

Ya estaba todo plan casi listo, los pasajes, el itinerario, la autorización de los militares, los pasaportes marcados con prohibición de volver y el recibimiento de un compañero en Bruselas, si luisito preguntaba había que decirle que irían en busca de la mama que se encontraba lejos. No más preguntas. Dijo mi padre. La ley está de nuestro lado. Añadió. Fue  su desahogo o la eliminación de su interna dictadura.

              Faltaba esperar que la mama de Luís dejara su hijo con jorge a pasar las vacaciones de septiembre. Todos mis hermanos y cuñados  éramos obligadamente cómplices,  a  mi madre la vi un día llorar, fue largo y silencioso. Le pregunte cómo estaba. No sé hijo, me respondió.

                 Días antes del viaje mi papá comenzó a callar, era su despedía, solo se escuchaba hablar con mi mamá quien cada día se ponía más nerviosa y le tiritaban las manos. Mis hermanos comenzaron a visitar menos la casa. Mucho trabajo y estamos medios decaídos eran los pretextos, el dolor en las gargantas era una enfermedad que se apoderaba de todos. Mi mamá siguió dialogando con los que no estaban y horneando queques que hacía llegar a mis hermanos. Yo era el mensajero. Mis papas están bien, Jorge está  tranquilo, ya está todo listo para el viaje. Eran las típicas frases que les repetía de memoria a mis hermanos. Ellos siempre me decían (no con mucho convencimiento), es la mejor decisión. Siempre me iba pensando.

                   La operación se llevó a cabo en solo una semana y digo operación porque eso parece que fue. Rosana apareció una mañana de septiembre, luisito traía la mochila roja y un volantín recién comprado. Ella partió pensando que en una semana su pequeño hijo volvería. El niño  fue recibido por su abuelo y casi no hubo palabras. Esa noche, que parece fue muy silenciosa. Jorge debía contarle a su hijo que irían juntos a un lugar muy lejos a buscar a su madre.

                Al otro día Jorge y su hijo viajaron de la Serena a Valparaíso en el bus Lasval de las 23:45. A las 7:30 de la mañana un primo que estudiaba agronomía en el puerto  los recogió en el Terminal de avenida Pedro Montt. En el mismo lugar tomaron varias tazas de te y comieron pailas con  huevos. Algún día me gustaría vivir por acá. Dijo Jorge. Ya cerca de las 10 de la mañana se embarcaron en un taxi al aeropuerto de Santiago.
               
              Jorge fue interrogado por policía internacional durante tres horas, luego tras una ventana le hizo una seña a su primo  que estaba todo bien y se despidió. Luís y su padre tomados de la mano se fueron alejando.

                   Ese mismo día un aire extraño casi angustiante recorrió el cuerpo de  la mamá de luisito. Llamó varias veces preguntando si su pequeño se encontraba bien a lo que mi padre respondía en forma mecánica –si, están bien, andan juntos como debería ser.-
                
             La  mañana del 16 de septiembre, jorge llamó por teléfono a una casa vecina. Mi abuelo puso la cara seria y solo escuchó. Estamos bien me han dado de todo Luís esta aquí conmigo, gracias papá. Ese día mi papá apareció por mi cabaña y como siempre nuestro acercamiento se daba hablando puras guevadas. ¿Oscar hay regado los guindos? Si papá ¿qué haz sabido de Jorge? Ya están instalados. Como siempre, fui a darles el recado a mis hermanos. La Negra la mayor siempre me pasaba unas lucas para mis vicios. Cuando me iba de su casa me dijo: estoy mal siento que abrí las puertas para un secuestro. No digai nada, es mejor. Le dije y me fui rápido. Sentí miedo.

 El martes 19 de septiembre, Rosana mandó a su hermano a buscar a su hijo de inmediato.- ¿te da vergüenza?-. Pregunto el hermano. Tengo un poco de angustia, pero no se por qué.

           Esa tarde mi papá había hecho limpiar toda la casa. Además había dejado instrucciones que ningún hijo lo visitara. Se vistió con su mejor terno y se sentó en el mismo sillón de siempre a esperar a su visita. A mi madre le dijo que tenía dos opciones, quedarse en la pieza o en la cocina. Mi mamá optó por la última, así podría escuchar algo de la conversación.

Sobre la conversación no tengo mucho que decir, creo que fue breve y respetuosa (no se me ocurre otras palabras). De Rosana solo supe que dibujó unas tristes ojeras y escondió sus lágrimas en las calles de Santiago. Después de un tiempo alguien me dijo que parece que había viajado a Europa

Durante dos años solo recibimos tres postales  y una foto de jorge. Siempre decían que estaban bien y que luisito iba al colegio. Al tercer año supimos que algo pasaba, no llegaron cartas, un pariente de Rosana nos dijo que luisito estaba muy enfermo y varios de la familia de ellos habían viajado a Europa, específicamente a Austria donde tratarían al niño. En esos días nos llegó la noticia de su muerte. Mi padre fue a la cervecería donde trabajaba  y presentó su renuncia. Ya es hora de jubilar. Dijo.  En la empresa le regalaron un barril plateado con su nombre. Ese día mi papá comenzó a envejecer, pidió al resto de la familia  no reunirse por un tiempo, hizo que le enviaran el televisor a su pieza y solo bajaría a comer, la rutina duró varios años hasta que el alzhaimer lo fue devorando poco a poco.